Me levanto a eso de las 5 de la mañana para coger una
sucesión de trenes que deberían llevarme
hasta mi destino en unas 3 horas. El primero sale a las 6.
Los billetes me han llegado por correo unos días antes. La
compañía es Crosscountry.
Es la primera vez que me subo a un tren de larga distancia
inglés y hay unas cuantas cosas que me llaman la atención:
1. Moqueta
por todos lados. Sí, ya sé que los ingleses aman la moqueta más que la hora del
té si cabe, pero ¡¿también en los trenes?! Esta obsesión no puede ser sana,
sobre todo para los alérgicos.
2. Son
más lentos que cualquier tren de cercanías español. En serio, muuuuy lentos.
Tanto que aquél viejo chiste sobre el tonto que al ver pasar los árboles desde
el tren decía ‘la próxima vez vamos en pino’, aquí cobra sentido.
3. No
importa que la temperatura exterior sea de 12º. El aire acondicionado hay que
ponerlo a tope, que para eso lo instalan.
4. Como
en cualquier avión, pasa un azafato con carrito para vendernos
algo que podríamos haber comprado en la estación por la mitad de precio.
5. Que ‘¿Hay un médico en la sala?’, es una situación que no sólo se da en
las películas puesto que varias veces oímos lo siguiente por megafonía: If there’s any passenger with medical
knowledge, please tell the staff. Lo cual, creo que solo sirvió para
alterar a algunos pasajeros puesto que dudo mucho que finalmente apareciese ese
oportuno ‘médico’. Muy raro sería que sólo recordase el juramento hipocrático a la 9ª
emisión del mensaje.
6. IMPORTANTE: Si alguna vez notáis una pequeña disminución en la de por sí
anormalmente disminuida velocidad del tren ¡mirad rápido a la pantalla! Sólo
pasan el mensaje con el nombre de la parada una vez. Es vuestra única
oportunidad para bajaros en una parada con la certeza de que no os habéis
equivocado.
Llego a Bradford a eso de las 9.30 de la mañana. Desayuno en
la estación y después voy a buscar el hotel. Sabiendo que el meeting no empieza hasta la 1 me dirijo
a recepción para explicar precisamente eso: Que el meeting no empieza hasta la una y que si puedo dejar allí la
maleta… pero la recepcionista me cierra la boca de un plumazo y ya no me da tiempo a seguir. Me dice que los
demás están esperando ‘in Meeting Room,
Number 2, First floor’. Bueno, pues para allá que me voy. Y me encuentro el panorama formado.
Una especie de
intuición me dice dónde debo sentarme. Con ‘Los
otros’. Sí, queridos amigos
compatriotas, ese es el grupo al que vosotros perteneceréis. Porque siempre,
siempre hay 2 grupos, a saber: Los alemanes y los otros. Y salvo que estéis en
Alemania donde obviamente no habrá EVS alemanes, ya sabéis donde acabaréis.
Así, cuando acabaron de llegar todos los voluntarios a lo largo de la mañana,
la habitación estaba divida en un grupo más o menos homogéneo de 6 alemanes y 2
austriacas, y otro completamente heterogéneo, en el que me incluyo, junto a otro
español, una portuguesa, una danesa, una rusa y tres georgianas.
A eso de las 12.30 llegó Bob. ¿Y quién es Bob? Pues Bob es… ¡Buena pregunta! Bob es… Supongo que
podríamos llamarlo Trainer. Sí, eso
es Bob. Y hay que decir que nació para este trabajo. A todo el mundo le gusta
Bob. Todos nos lo llevaríamos a casa. No conozco a ningún voluntario al que le
nombres a Bob y no sonría al tiempo que asiente entusiasmado, diciendo ‘Oh,
Bob…’. Así que, futuros EVS en
Inglaterra sabed que Bob, vuestro trainer
os va a encantar.
Pues eso. Llega, se instala y nos pide que salgamos al
vestíbulo donde está preparado nuestro lunch.
Unos cuantos sándwiches y algún snack ligero.
Después de la pausa para el lunch, comenzamos con las actividades:
1.
Speed
dating: Ocho EVS se sientan en círculo dándose la espalda mutuamente y los
otros ocho se sientan frente a estos. Dos minutos para presentaciones con la
persona que tienes en frente. Después suena la campana y los que están en el círculo
exterior se mueven un puesto a la derecha. Empezamos a conocernos y… ¡Misterio
resuelto! Los alemanes no están todo el tiempo juntos y hablando alemán porque
sean alemanes, sino porque ¡son críos! ¡Son unos niños! Acaban de salir del
instituto, nada más que acaban de llegar a la mayoría de edad pero ¡siguen
siendo unos teenagers! Por Dios, ¡si
hasta una me dice que tiene todos los CD’s de Hannah Montana! Y es que a
diferencia de los demás países, los alemanes y austríacos se toman un año entre
el instituto y la universidad para esta clase de cosas. Los nacionales de otros países europeos, por el
contrario, vamos una vez acabada la universidad, por aquello de no perder un
año. En conclusión, aún sienten esa inseguridad de la adolescencia, todavía necesitan
el apoyo, la sensación de pertenecer a un grupo… So cute!
2.
Breve presentación ante los demás de nuestros
respectivos proyectos.
Hacemos una pausa y por fin vamos a nuestras habitaciones
compartidas. Yo con la portuguesa. Es muy maja. Nos llevamos bien desde el
principio y las habitaciones superan todas mis expectativas, claro que mis
expectativas respecto de los hoteles ingleses no son muy altas. Pero este
merece la pena.
3.
Hablamos de los derechos y responsabilidades de
los voluntarios.
A las 7 cena en el hotel consistente en tres platos a elegir cada
uno entre cinco opciones. Delicious!
Tras la cena los alemanes proponen ir a un pub en busca de
cerveza. ‘Los otros’ estamos
cansados, preferimos dar un breve paseo e ir a dormir.